Seguimos caminando, esta vez con más miedo, hacia casa. Aún nos faltaban 2 calles más por recorrer.
-Mis pies me duelen...-se quejaba mi hermana.-No sé si es de tanto bailar..., o de tanto caminar con este frío que me hiela los huesos...
-Posiblemente las dos cosas...-dije mientras sentía cómo el frío traspasaba mi sensible piel hasta llegar a mis huesos.
Seguimos caminando hacia llegar a la entrada de un oscuro bosque. Ese era el conocido "Bosque del Crepúsculo". Le tenía tanto pánico a ese bosque cuando caía la noche...
Wysteria comenzó a caminar hacia la entrada del bosque, pero yo la detuve, aguantándole el brazo.
-¡No, Wysteria! Por favor...
-¿Qué sucede, Kimono? Necesitamos llegar a casa.-dijo Wysteria, un poco confundida.
-Sabes que le tengo pánico a ese bosque, y más cuando está así de oscuro.
-Kimono, necesitamos llegar a casa lo antes posible. Además estás conmigo, y ese bosque no es más que un par de árboles y arbustos. ¿Le tienes miedo a un par de árboles y arbustos?
Yo negué con la cabeza.
-Bueno, pues sigamos.
Entramos al bosque de Crepúsculo. Yo no me separaba de mi hermana y seguía temblando como una niña pequeña que le teme a algo debajo de su cama, o en el ropero de su habitación.
-Todo está bien, Kimono.
-Ajá...
Seguimos caminando unos cuantos minutos más y observamos una luz a lo último del camino.
-¡Mira, Kimono! Ya estamos llegando. ¿Ves que no nos sucedió nada?-dijo mi hermana para consolarme.
-Sí, ya veo. Perdóname por ser tan tonta.
-Estás perdonada... ¡Ah...!
Wysteria, al gritar, cayó por un precipicio bastante profundo y lleno de arbustos de rosas.
-¡Wysteria!-grité.
No hay comentarios:
Publicar un comentario